El diario de hoy lleva las noticias de ayer
Siempre he sido una devoradora compulsiva de periódicos. De leerlos, recortarlos y conservar artículos que considero relevantes. Ahora he descubierto que puedo dejar atrás este síndrome de diógenes archivando las noticias digitales en Evernote. O que puedo leer tantos periódicos como quiera en Internet. Mejor aún, puedo crear una lista en Twitter donde agregar todos los periódicos, nacionales o internacionales, y leer todos los titulares de un tirón. Y gratis. De ninguna otra forma podría acceder a la prensa diaria árabe, norteamericana o sudafricana sin que me costara un riñón. Google me hace una traducción automática del idioma de la prensa del país que elija. También gratis.
Por si esto fuera poco, si soy fiel a un periodista puedo agregarlo a Facebook o seguirlo en Twitter y así interactuar con él. También puedo suscribir su blog a Google Reader. Para qué voy a leer su columna de opinión en el periódico si en su blog o en las redes sociales opina con más libertad. Con Reader puedo crear una lista de temas que me interesan y compartir algunos artículos con mis amigos de Google+.
La prensa diaria convencional, en mi opinión, está completamente muerta. Sobre todo teniendo en cuenta que los periódicos de papel cuestan dinero, y que tal y como está planteado ahora, el lector está pagando más por menos al comprar la prensa escrita. El diario de hoy lleva las noticias de ayer.
Las noticias en papel están desactualizadas. Se me ocurren algunos ejemplos:
1. El polémico discurso del Rey de Nochebuena salió en la portada dos días después de que ardieran las redes sociales, porque en Navidad no abren los quioscos, y por lo tanto, no salen a la venta los periódicos.

2. Después del atentado de Oslo, las portadas de papel señalaban a Al Qaeda, cuando antes de irnos a dormir todos sabíamos que el asesino había sido un ultraderechista noruego.

Sin querer hacer justicia al PP -ni mucho menos- el ejemplo claro de esta semana es la acusación al Gobierno de hinchar el déficit, cuando la Comisión Europea ya lo había desmentido.
“La clave del diario de papel podría ser el contenido y no la inmediatez”, pero el papel no es la información completa y contrastada, sino la información que llega hasta que se cierran rotativas. Si los periódicos convencionales ofrecieran algo más de análisis no tendría ninguna queja, pero no quiero volver a leer lo que ya se ha comentado durante todo el día en Internet, la televisión y la radio.






Bien escrito y bien razonado.
Enhorabuena!!