La entrevista más difícil
Le he dado muchas vueltas. Sin duda, la entrevista que hicimos a la tatuadora más vieja de la tribu kalinga en Filipinas, es la más difícil que he he hecho hasta la fecha.
He tenido algunas malas experiencias con entrevistados que no hablan mi idioma. O más bien con los intérpretes. En Túnez, cuando entrevistamos a la familia de Mohamed Bouazizi, el chico que se inmoló en Sidi Bouzid, el intérprete nos respondía sin haber preguntado nada. En China nos pasó algo parecido, no pudimos terminar una historia porque nuestra intérprete no quería hacer algunas preguntas a una profesora de taichí. ¡Sólo queríamos saber qué opinaba de la religión! Y no era una pregunta tan difícil, la mujer llevaba un símbolo taoísta en sus deportivas. Parecía que le daba vergüenza. Su único trabajo era traducir lo que le decíamos en inglés al mandarín y no había manera, se ponían a hablar sin nosotros entender nada. No dábamos crédito. “¿El taichí es un arte marcial?” Y la intérprete respondía: “no” ¡Pero pregúntaselo a ella!
En Kalinga fue todavía peor. Whang Od, la mujer que entrevistamos, habla en kalinga. Necesitamos la ayuda de dos intérpretes; uno de kalinga a bisaya, otro de bisaya a inglés, para escribir el artículo y subtítulos en español. Os podéis imaginar cuántas horas de audio para una entrevista que debería haber durado media hora. Lanzaba preguntas de tres palabras y cada intérprete la hacía más larga. ¡Nos quejábamos, claro! Decían que en su lengua no se podían decir las cosas de forma literal. Somos un poco desconfiados, antes de publicar la historia pedimos a una tercera persona que volviera a traducir una parte y aparecieron frases que desconocíamos. Si en bisaya decía que compraba gallinas y cerdos con el dinero que ganaba de los tatuajes, en inglés nos traducía que compraba animales y se quedaba tan ancho. Esto no es una traducción, es una interpretación.
Lo más grave fue cuando hicimos que preguntaran a Whang Od cómo murió su marido. Tenía 25 años cuando eso sucedió y a sus 92 años no ha vuelto a casarse, cuando en la aldea lo más habitual es tener familias numerosas de doce hijos. “Pregúntale a Whang qué le sucedió a su marido”. El intérprete me contestó: “Ana, los periodistas tenéis que ser más respetuosos y poneros en la piel de las personas”. Insistí, tenemos que hacer nuestro trabajo, la historia quedaría coja sin esta información. No sabemos qué le preguntó ni qué contestó, tenemos un audio con varias frases de Whang que el intérprete resumió en que no quería hablar del tema. “Ya os lo había dicho, le he visto los ojos humedecidos”, me contestó molesto estando en una habitación a oscuras donde apenas veíamos nuestras caras.
La tatuadora no contestó a las preguntas de su vida personal, su historia iba a quedar documentada “de puntillas”. Pero todavía hay más. ¡Nos quería cobrar mil pesos por la entrevista!. Whand Od se quedó sentada esperando a recibir el dinero, cuando el día anterior había quedado más que hablado que no íbamos a pagarle, le haríamos llegar una copia de la entrevista en deuvedé. Sí, en deuvedé. Por increíble que parezca Charlie, el camello de la aldea, tiene un reproductor en su casa y pensamos que le daría ilusión ver cómo había quedado el vídeo y las fotos. Todo quedó muy claro la noche anterior y nos querían tomar el pelo. “Es la Comisión Nacional de los Pueblos Indígenas la que se va a quedar el dinero”, nos decía el intérprete. “Intentan ganar dinero y los tienen acojonados en la aldea”.
Estábamos tan enfadados que nos planteamos no publicar la historia de la tatuadora, pero no había tiempo, habíamos invertido cinco días en ir a Buscalan. Nos fuimos de la aldea muy molestos y decepcionados. Habíamos subido sal, azúcar y mistos a la aldea, pero no íbamos a pagar por hacer una entrevista en la que ni siquiera responde a las preguntas. ¡Es ridículo!
Por suerte con otros entrevistados e intérpretes ha sido una gozada trabajar. Tengo un especial aprecio al reportaje de Ding Tao, que nos hizo la vida muy fácil. Sus respuestas eran breves y cargadas de sentido. Su hija nos hizo de intérprete del chino al inglés con mucho cariño traduciendo las preguntas y respuestas de forma fidedigna, como debe ser. Esto nos pasa por no poder invertir en intérpretes profesionales, pero me pregunto por qué en lugar de traducir interpretan.
Este el resultado de nuestra entrevista a Whang Od. Aquí podéis ver el artículo completo.
Y un pequeño extra.






