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Manila

10 diciembre 2012

Familia de Malate

Después de pasar dos semanas en Filipinas, y una vez publicada la última historia de China hasta que regresemos al país en enero, ya me siento en condiciones de escribir mis primeras impresiones de Manila, la primera ciudad filipina que hemos visitado.

Compramos el vuelo a Manila con la idea de que se convirtiera en una simple parada, pero hemos encontrado muchas historias que documentar aquí, empezando por el barrio de Malate o el cementerio de la zona norte donde vive mucha gente sobre las tumbas. Pronto las publicaremos en Buscando Historias.

Manila me resulta muy diferente a otras ciudades asiáticas que he conocido hasta ahora. A veces tengo la sensación de encontrarme en iberoamérica; los colores, la gente, las calles y su moneda, el peso. Filipinas fue una colonia española y se nota. Se conservan algunas palabras y otras se han combinado con el tagalo, la lengua de los filipinos, dando como resultado algunas mezclas graciosas.

Puto cheese

En el carácter, y como mueca, diré que tienen algunos parecidos con nosotros: son impuntuales, hacen la siesta, los nombres de las calles y los apellidos son españoles, y las celebraciones -que son muchas- se llaman fiestas. Los americanos también dejaron como herencia de su colonización el inglés y la pasión por el fast food. El plato estrella es el pollo rebozado y la pasta con salsa de tomate dulce.

Yipni de Manila

Los filipinos me resultan muy alegres, acostumbrada a la frialdad de los chinos cuya comunicación no verbal escasea. Es difícil que un filipino no te devuelva una sonrisa o te salude con un hello mum aunque seas un completo desconocido. En Manila en este sentido son entrañables, pero los lugareños no dejan de repetirme que tenga cuidado con mis cosas, lo que me da la sensación de encontrarme en una ciudad insegura. Algo de razón tendrán ya que, en menos de una semana, me han intentado vender dos móviles robados y los guardias de seguridad van armados con metralletas.

Las fotos que he compartido en este post están hecha en el barrio de Malate, donde nos alojamos. Durante el día, tal y como se ve en la foto, algunas familias hacen vida en la calle, donde se duchan o sacan la cama a la acera para hacer la tertulia. Por la noche parece un barrio rojo. Muchos bares utilizan mujeres como reclamo, que se colocan en la entrada vestidas con minifalda e invitan a los hombres a entrar para tomar un trago. En la calle enseñan a las mujeres como si fueran los platos de la carta de un restaurante, colocan diferentes fotografías en una hoja plastificada, para que elijas la que más te guste.

Mujeres filipinas

Por todo lo demás, Filipinas en general me resulta cálida, colorida y alegre. Estoy deseando conocer más, y convencida de que existe un paraíso fuera de Manila, aunque hay mucho que documentar en esta ciudad y nos vamos a quedar unos días más.

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3 Comentarios »

  • Bárbara said:

    Espero con impaciencia tus crónicas.

  • Iván said:

    A seguir disfrutando :)

  • bárbara said:

    Muy bien Ana. Expresas muy bien lo que nuestra curiosidad quiere conocer de las “arterias humanas” del lugar determinado

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